Metafóricamente, cada uno de nosotros tiene en su interior ciertos demonios con los cuales debe lidiar. Algunos son tranquilos que sólo se manifiestan de vez en cuando, hay otros que aparecen sólo para hacer humor amargo, unos son relativamente pequeños, otros que absorben de a poco el alma y hay unos, los más temidos, que acaban vidas.
Aunque
lo ocultemos y lo neguemos, poseemos algún tipo de estos demonios que, en
ocasiones, hacen de nuestro día un pequeño o un gran infierno. Sin embargo, no
podemos darles poder sobre nuestra vida, hay que aprender a vivir con ellos y a
manejarlos. En el alma humana, siempre existe una mancha oscura que es
imposible borrar y está ligada con nuestra imperfección. Cada ser humano, carga
consigo diferentes clases de demonios. Si bien, existen algunos que los
exteriorizan más que otros, nadie tiene el poder o la facultad de juzgarlo por
esa condición.
Toda
persona tiene una manera distinta de vivir sus penurias, no importa que sea
distinta a la nuestra. El detalle está en evitar centrarse en las diferencias y
aprender a aceptar al otro para ayudarlo. Pero el ser humano, encuentra la
manera de sentir satisfacción al resaltar los demonios de unos, porque son
diferentes a los que nos someten. El rechazo, se muestra increíblemente
atractivo.
Si,
por el contrario, le tendiéramos la mano a quienes nos rodean y lo impulsamos a
sobrevivir en su pequeño infierno, quizá hallemos una forma de sobrevivir al
que vivimos. La clave es expandir la mente y procesar que somos diferentes y
por ende, poseemos reacciones y sentimientos particulares.
Tengamos
presentes que el sufrimiento de las demás personas no es un blanco para
críticas. No conocemos sus demonios y no es correcto jugar con ellos. Además,
mientras ignoramos los nuestros, les damos la posibilidad que se alimenten, se
nutran y cuando menos lo esperemos, nos dominarán y tal vez, logren extinguir
un poco de nuestra alma.
MaOz Lim

