La jornada escolar es supremamente aburrida los lunes. Para ser justos, para mí es aburrida siempre. Pero los lunes, sin duda son los peores. Después de un fin de semana en el que los límites no son una opción, no es justo que empieces un día con dos horas de geografía. Prefiero la filosofía, es más interesante sin duda alguna. Bueno, aunque después todo mejoraría con cálculo, no despierta en mí el mismo interés que la filosofía, pero me llevo bien con él, es entretenido. Sin embargo, mi única forma de destacar son los exámenes, porque para ser sincero eso de los ejercicios en el tablero me parece una tontería y con los trabajos no me llevo bien, en casa me distraigo con facilidad.
Salía por la puerta principal
con una caminata lenta, manos en los bolsillos, audífonos, cabeza cubierta con
la capucha de mi sudadera. Pasé por el lado del grupo de matones de la escuela,
me rodearon, mirándome de arriba abajo, con sus cuerpos trabajados, sonrisas
perfectas y cabello que hacía suspirar a las chicas ¿Cómo es que ellas los
llaman? ¡Ah sí! Ya recuerdo, "verdaderos hombres". Patrañas impuestas
por la sociedad, un grupo de idiotas. No digo que sea mejor que ellos, pero
tampoco ellos son las mejores personas del mundo.
Al parecer les divertía mi
apariencia. Era alto, pero demasiado delgado; en parte por una cuestión
genética heredada de mi ausente padre que dejó a mi madre hecha un lío con sus
tres hijos. Mi hermana y mi hermano - menores que yo - estaban engañados por la
mentira de mi madre de que "cosas de adultos habían sucedido, pronto ellos
lo entenderían". Es una masoquista, no hace más que hablar de él a mis
hermanos. En fin, la otra razón de mi contextura delgada es la mala
alimentación y el exceso de alcohol y el cigarrillo los fines de semana, aunque
las últimas veces se están mezclando otras sustancias. Mi madre no lo sabe, ni
tampoco desearía que lo supiera, empezaría con charlas y preocupaciones. No me
interesaba eso. No lo hacía para llamar la atención, realmente soy curioso y me
gusta experimentar.
Aún seguían riendo los
estúpidos. Me di una mirada en los ventanales disimuladamente buscando el
motivo de su actitud. Tenían buen material: 1) Mis zapatos eran viejos y
desgastados 2) Mi pantalón negro tenía rotos en las rodillas 3) La sudadera
negra cubriendo mi cabeza, dejando ver la calavera en la parte delantera de mi
camiseta 4) Los lentes de sol innecesarios para el clima que hacía. En parte lo
comprendía, parecía miembro de una secta.
¡Al carajo ellos! No soy el
chico que quisiera ser, pero no puedo evitarlo. He intentado reivindicarme, sin
embargo, siempre me he escondido entre las sombras y ahora se ha vuelto
complicado salir.
Levanté la mirada y la luz se
posó ante mis ojos. Ella era una especie de ángel en ese recinto aburrido al
cual asistía de lunes a viernes. Cabello negro rizado, piel canela, ojos
negros, sonrisa perfecta. Una chica sumamente especial. Una excelente
estudiante, sobresalía en todas las materias, incluso en esas que eran
aburridas. Candidata a una beca en la mejor universidad del país. No era
engreída, tenía una sonrisa para todos. No coqueteaba con ningún chico, ni caía
en sus juegos. Vivía en un buen barrio y la mejor parte, tomaba la misma ruta que
yo. Tenía el privilegio de observarla la mitad del camino a mi casa.
Mis lentes oscuros me
ayudaban a observarla mejor sin que ella lo notara. Por ella quería ser -así
fuera unos minutos - tan especial que encajara en su mundo. Un lindo mundo que
no era nada surreal pero era bastante bueno en comparación a mi jodido universo
lleno de cuestionamientos y pensamientos extraños acerca de escapar, vivir por
mi cuenta, beber, fumar, conseguir dinero para comprar un montón de libros de
filosofía y psicología para estudiarlos y analizar tanto los cuestionamientos
de los autores que terminaría sacando mis propios cuestionamientos y al final
sería un obsesivo, viendo al mundo con unos ojos perturbados por tantas
idioteces de la sociedad.
Uno de los chicos que estaban
en mi curso dijo: - Ella no te juzgará, háblale. La he visto leyendo en la
biblioteca. Quizá puedas ganarte su atención hablando de libros -.
Eso era verdad, ella no me
juzgaría. Pero estoy completamente seguro que en sus planes de estudiar
literatura y llegar a ser editora no estaba la figura de un chico extraño
obsesionado con el color negro, las calaveras, los libros y las películas con
argumentos desquisiados. Sin duda alguna ella no buscaba eso. Quizá si mi alma
fuera pura y mi aspecto distinto todo sería ligeramente diferente.
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