Esteban:
No sé cuánto tiempo hace ya
que despertaste, espero que no sea mucho después de haberte escrito ésta carta.
En realidad, sólo quería saludarte y darte respuesta por mí repentina y
misteriosa ausencia. Tengo que confesarlo, esto no fue fácil para mí. Tuve que
marcharme de tu lado, a pesar que meses atrás que cayeras en esa cama, conectado
a tantos aparatos, te prometí que jamás te dejaría y di una respuesta positiva
a tu petición de matrimonio. Recuerdo ese día perfectamente.
Sin embargo, en mi mente está
más presente el día en el que te hirieron por mi culpa. El día que arruiné tu
vida por un capricho. Por querer esa sustancia que tú sabías perfectamente no
era lo más recomendable.
Te conocí una tarde de abril,
la cual como muchas otras no era la mejor; pero cuando choqué contigo y te
insulté, esa sonrisa simpática que no me reclamó en lo absoluto fue la que me
hizo preguntarme: ¿quién es ese chico?
Después de meses de cercanía,
vinieron tres años de noviazgo, los cuales han dejado en mi memoria recuerdos
imposibles de borrar; llenos de alegrías, sonrisas y amor, algo que le faltaba
a mi triste y solitaria vida. Tu familia nunca fue gustosa que tuvieras una
relación con una chica como yo, con una vida llena de gustos y costumbres
extravagantes, que tenía un tatuaje en su muñeca y una argolla en la orilla de
su boca, con cabello rojo y que constantemente llevaba ropa negra. Pero qué se
podía hacer, me querías así; rara, temperamental e incluso complicada, querías
a este desastre. Pero rescato que gracias a ti aprendí que no vale la pena
tirar las oportunidades que nos da la vida. Dejé todo aquello que me perturbaba
y perjudicaba mi salud. Me dediqué a la universidad con el ánimo que nunca le
puse. Todo gracias a ti.
13 de febrero de 2013. Mi
madre regresó después de abandonarnos a mi hermano y a mí. Sólo regresó para
quitarme a Joahn porque su padre iba a pagar por los años que no respondió por
su cuidado. Tuve una fuerte discusión con ella y se me partió el alma ver las
lágrimas de mi hermano al marcharse en contra de su voluntad.
Aunque tú me apoyaste y me
escuchaste, para mí no fue suficiente. Me desquité contigo, terminé nuestro
compromiso e hice que te adentraras en la parte marginada de la ciudad por
seguirme. Quería ahogar mi pena y sobrellevar el dolor consumiendo droga.
Gracias a ti no lo hice, pero fui egoísta y desconsiderada. Te insulté, te eché
de mi lado, todos se burlaron de ti y te vieron como el malo. Te apartaste un
poco pero no te fuiste, tal y como siempre hacías cuando te humillaba frente a
los demás. Unos tipos querían propasarse conmigo horas después de lo sucedido,
intenté defenderme por mi cuenta, pero fue en vano y en cuestión de segundos
allí estabas tú, para protegerme. Sin embargo, nada resultó bien, te golpearon
de manera terrible. Uno de ellos te apuñaló y chocaron tu cabeza en repetidas
ocasiones contra un muro, hasta que quedaste inconsciente tirado en el piso.
Casi me desmayo al ver tal cosa, sin embargo, aguanté por ti. Llamé a la
ambulancia y te llevaron a la clínica central.
Luego llegaron tus
familiares, destrozados y confundidos. Me exigieron una respuesta y se las di.
Me reclamaron, no me trataron bien, pero ¿sabes algo? era lo que merecía,
incluso fue poco lo que me dijeron. Fue demasiado horrible verte en esa
situación, desde entonces no sonrío, no dejo de llorar y mucho menos puedo
dormir tranquila y sabes que me cuesta trabajo cerrar los ojos en la noche.
Tu madre estaba destrozada,
no se merecía eso. Recuerdo que me prohibió verte, no quería que volviera a la
clínica, ella estaba en lo cierto, no tenía nada que hacer allí, ya había
causado mucho daño y debía parar. Pero necesitaba estar a tu lado, tocar tu
mano y contarte las historias que te gustaba que inventara cuando nos
acostábamos en el césped del parque a observar las estrellas. Entonces cuando
ella no estaba, pasaba tiempo contigo. Aunque te necesitaba y no quería
separarme de ti, comprendí que no podía seguir a tu lado, no después de lo que
te había hecho. Además, tu familia no iba a permitir que me acercara a ti.
Me costó mucho trabajo
escribir ésta carta y mucho más convencer a tu madre que te la diera cuando
despertaras, después de todo ella es una buena mujer y aceptó. Pero antes de
escribirla debía despedirme de ti, entré en la habitación y dije un discurso de
mis sentimientos hacia ti entre lágrimas y suspiros, todo frente a tu madre,
esa fue la condición que puso. Cuando acabé miré tu rostro, lo acaricié y besé
tu frente por varios segundos.
Antes de salir, ella me pidió
disculpas, dijo que no era necesario que me marchara, que podía quedarme el
tiempo que quisiera. Sin embargo, ya era tarde, yo había tomado mi decisión.
Mientras lees esto no sé ni donde estaré, pero te prometo que no estaré echando
a perder mi vida, lucharé por ella como me enseñaste.
Siempre
te amaré...
Lizzy
